DISPLASIA DE CADERA EN PERROS

Sara de la Orden Herrero
Graduada en Veterinaria
En esta entrada os hablaré sobre un problema articular que afecta a un considerable porcentaje de perros: la displasia de cadera (o articulación coxofemoral).
19/02/2020
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a palabra displasia hace referencia a una anomalía en el DESARROLLO de un tejido, órgano o parte anatómica de un organismo; por lo que no es un proceso degenerativo en sí (como mucha gente puede creer), sino que esta falta de desarrollo va a provocar un mal funcionamiento, en este caso, de la articulación de la cadera y que esta se "desgaste" a una mayor velocidad, provocando inflamación, dolor y degeneración de los tejidos que constituyen la articulación coxofemoral. Podemos afirmar con esto, que la displasia provocará degeneración articular, pero tiene su base en el desarrollo del cachorro.
Como ocurre en las personas, la cabeza del fémur ha de encajar perfectamente en una cavidad situada en la cadera (llamada acetábulo), lo que permitirá que nuestro perro pueda realizar movimientos de rotación, anteversión, retroversión, aducción y abducción necesarios para su vida diaria, sin dolor. En esta enfermedad, este "puzle" no encaja a la perfección y la cabeza del fémur queda desplazada del acetábulo, confiriendo inestabilidad de la articulación en cada movimiento, provocando inflamación de los tejidos sometidos a estrés y, con el tiempo (depende del grado de displasia), derivando en cambios evidentes degenerativos (artrosis).
Esta enfermedad posee un fuerte componente genético y, por lo tanto, hereditario. Es aconsejable esterilizar a los animales afectados para que no puedan transmitirlo a su descendencia. La alimentación, el estilo de vida y otros aspectos también influyen en el desarrollo de este proceso morboso.
¿A qué perros puede afectar con mayor frecuencia y qué podría notar en casa como propietario?
Suelen padecerla animales de gran tamaño y rápido crecimiento, así como ciertas razas: pastor alemán, labrador retriever, golden retriever, gordon setter, samoyedo, mastín..., aunque puede afectar a cualquier perro.
La displasia de cadera en el cachorro "da la cara" normalmente a partir de los 5 o 6 meses. Podemos apreciar que nuestro cachorro permanece más tiempo sentado o tumbado que el resto, que el movimiento de marcha es inestable o extraño, cojea, no quiere andar o podemos notar que le duele el tercio posterior, pudiendo ver una pérdida de musculatura. En ocasiones vemos cómo estos animales corren dando "saltos de conejo", impulsándose con ambas extremidades posteriores. Los síntomas varían mucho dependiendo del grado de displasia, la actividad del perro y su peso, afectando de forma negativa.
¿Cómo se diagnostica?
Una exploración general completa es la base de toda consulta veterinaria, mediante la cual localizaremos el foco de dolor y las características externas de la región afectada. El diagnóstico se realizará mediante radiografía. Esta prueba debe realizarse bajo sedación para poder posicionar al animal de una manera específica estandarizada y obtener unas imágenes fiables para, posteriormente, realizar una serie de mediciones (ángulo de Norberg) que nos indicará si existe, o no, displasia de cadera y su grado. Se dice que hasta los dos años de edad no se puede descartar por completo la presencia o no de esta enfermedad.
Articulación libre de displasia:
 Articulación con displasia
Grados de displasia de cadera segúna la OFA (Orthopedic Fundation for Animals):

Grado I: mínima alteración con pequeña subluxación y escasos cambios degenerativos.

Grado II: marcada subluxación lateral de la cabeza femoral, cuyo 25-50 % está fuera del acetábulo.

Grado III: el 50-75 % de la cabeza femoral está fuera del acetábulo; hay cambios degenerativos importantes.

Grado IV: luxación de la cabeza femoral con aplanamiento del borde acetabular y la cabeza femoral; hay cambios degenerativo importantes.

Tratamiento: 
Algunas veces, al cumplir el 90% del crecimiento (entre los 8 y los 11 meses) los signos pueden reducirse e incluso llegar a desaparecer, aunque la displasia permanece y en muchos casos los problemas reaparecen pasado un tiempo observándose signos de artrosis.
Existen varias vías de tratamiento, entre las que diferenciaremos la quirúrgica, la farmacológica y un correcto manejo del animal enfermo:
-Quirúrgica: escisión del músculo pectíneo, triple osteotomía de cadera, artroplastia de la cabeza femoral, osteotomía de pubis, forage, prótesis de cadera la mayoría se practican cuando el perro es joven para disminuir la posibilidad de artrosis coxofemoral secundaria en la edad adulta. La prótesis de cadera debe reservarse para casos graves y una vez ha finalizado el crecimiento.
-Farmacológica: se basa en antiinflamatorios y condroprotectores, éstos últimos son usados en perros geriátricos con mucha frecuencia pero son muy útiles como protector articular en perros en crecimiento. Podremos comenzar con terapias naturales e ir escalando a fármacos más potentes hasta obtener el efecto deseado.
- Manejo: la reducción de peso, el ejercicio moderado y regular son otros de los puntos básicos, así como las mejoras en el entorno y el hecho de dormir en un lugar cálido y alejado de las humedades. Un colchón blando favorecerá el bienestar de nuestra mascota. 
La fisioterapia puede ayudar a desarrollar mejor la musculatura y reducir el dolor.
Cómo prevenirla:
Como ya he comentado anteriormente, tiene una predisposición genética muy importante, debiendo evitar que los animales afectados tengan descendencia.
Al ser un problema que se instaura en el desarrollo de nuestro cachorro, deberemos prestar especial atención en los cuidados que demos en esta etapa; se ha observado que una dieta rica en proteínas y con alta capacidad energética acelera el crecimiento del cachorro y es desfavorable para la correcta formación de la articulación de la cadera; digamos que nuestra mascota crece más deprisa de lo que pueden hacerlo sus articulaciones, las cuales tendrán que soportar un mayor peso con una menor madurez. Una alimentación hipocalórica a partir de los 3 meses y hasta los 8 meses protege de la displasia, sobretodo a perros con un rápido crecimiento. El exceso de peso a los 60 días es otro de los factores que predispone a la enfermedad.
El ejercicio muy prolongado es perjudicial para las articulaciones en desarrollo, por ello no deberemos someter a nuestro amigo a caminatas ni carreras interminables. El ejercicio es muy beneficioso e importante para el desarrollo de un sistema musculo-esquelético fuerte y saludable pero, como todo, en su justa medida.